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Ya sea en un entorno laboral o en nuestro hogar, la búsqueda de un ambiente que invite a la relajación o la concentración suele estar relacionada con el sonido. Un vecino molesto o el ruido del tráfico pueden parecer nuestros peores enemigos, pero hay otro ingrediente que debemos tener muy en cuenta y suele pasar desapercibido: hablamos de la iluminación.

La luz tiene un impacto muy importante en nuestro estado de ánimo, también en nuestra productividad. Cuando la iluminación de una estancia no está bien configurada, podemos encontrarnos con problemas poco evidentes, pero muy molestos, como la fatiga, el cansancio o los dolores de cabeza.

Características:

  • Luces inteligentes que se puedan ajustar de forma gradual en intensidad y temperatura a lo largo del día
  • Bombillas LED en distintos formatos para casquillos E27 y GU10
  • Luz blanca cálida, luz blanca de cálida a fría o luz blanca y de colores

Una buena iluminación es, además, un factor importante para el desempeño de los estudiantes, logrando mejores resultados académicos aquellos que organizan sus estudios y clases en ambientes con luz ideal. Parece obvio, la falta de luz reduce la capacidad del cerebro para procesar y registrar la información.

Si queremos que la iluminación trabaje a favor de nuestro bienestar, tenemos que rodearnos de sistemas que se puedan adaptar a nuestros ritmos circadianos. A grandes rasgos, se trata de los cambios físicos, mentales y conductuales que siguen un ciclo diario y que responden, principalmente, a la luz y la oscuridad en el ambiente de un organismo.

Necesitamos luces inteligentes que se puedan ajustar de forma gradual en intensidad y temperatura a lo largo del día. También tenemos que entender los tipos de luz que podemos utilizar, su orientación y distancia, la mezcla ideal con la luz natural, así como algunos conceptos como temperatura de color o flujo luminoso.

Philips Hue nos permite crear un sistema de iluminación LED completo en el que no hay que cambiar los elementos para poder cubrir todas las necesidades y puede ser controlado desde nuestro teléfono móvil, sin cables.

La importancia de la temperatura de color

Hay quien se apoya en la psicología de los colores para determinar el diseño de una habitación y su iluminación. Parece una planificación acertada, aunque en el caso de la concentración, el blanco no tiene rival, por lo que en este artículo no abordaremos las opciones de iluminación en color disponibles. Con todo, a lo que tenemos que atender es a lo que se denomina como temperatura de color. Con ella, podemos crear la atmósfera adecuada.

Cualquier sistema de iluminación tiene que tener esta especificación bien visible. La temperatura se mide en grados Kelvin y, según la cifra, nos estará indicando si la luz es fría (más de 5.000K), cálida (de 2.500 a 3.300K) o neutra (entre 3.300 y 5.000K). En el primer caso, el color se asemeja más al azul, mientras que en el segundo el tono es más amarillo-anaranjado.

Elegir la temperatura de tus luces es algo bastante subjetivo, pero al mismo tiempo produce cambios en el ambiente y, por lo tanto, en las personas que van a vivir en él. En líneas generales, podemos establecer una serie de usos que están relacionados con la temperatura:

 

  • Si elegimos un blanco cálido ─cercano a los 2.700K─ obtendremos un ambiente suave, relajante y acogedor. Un dormitorio, salón o sala de estar podrían estar iluminados de esta forma.
  • Para una iluminación uniforme y neutra, iremos a por un blanco de 3.500-4.000K. Es la forma de conseguir un ambiente equilibrado. La podemos utilizar en recibidores, pasillos o tiendas que no tengan necesidades especiales.
  • El siguiente escalón lo podemos denominar como un blanco más frío (4.100K). Nos ofrecerá una iluminación limpia y radiante. Es la ideal para realizar tareas en entornos de estudio o trabajo, así como en cocinas y baños.
  • El último nivel es reconocido como luz del día. Por encima de los 5.000K, nos ofrece una imitación de la luz solar y favorece un ambiente estimulante. Trabajos específicos como el dibujo técnico o la arquitectura podrían optar por esta temperatura.

Todos estos son ejemplos que pueden variar según nuestras necesidades, pues no todos usamos las estancias del mismo modo y los requerimientos de iluminación pueden cambiar incluso en una misma habitación. Por ejemplo, una luz en el dormitorio necesita características diferentes en la mañana y en la noche. Para dar una inyección de energía en la mañana, mejor una luz azul; sin embargo, en la noche la luz cálida nos ayudará a preparar el sueño.

El flujo luminoso

Hemos vivido una historia muy larga relacionada con bombillas halógenas e incandescentes, algo que nos ha hecho pensar en que la cantidad de luz emitida depende de los vatios consumidos, aunque en realidad está supeditada a los lúmenes producidos por el cuerpo.

¿Qué son los lúmenes? Es la unidad utilizada para indicarnos la cantidad de luz emitida por una fuente, es lo que podemos definir como el flujo luminoso o potencia lumínica. En este concepto no se tienen en cuenta factores condicionantes como la habitación o el ángulo de apertura del haz de luz.

La llegada de la tecnología LED ha revolucionado la iluminación en términos energéticos, también en la calidad de la misma

Las actuales lámparas con tecnología LED son mucho más eficientes que los sistemas de iluminación anteriores. Por ejemplo, para generar los 4.000 lúmenes necesarios para iluminar un salón, necesitaríamos una bombilla LED de 45 W, mientras que en el caso de una bombilla incandescente nos iríamos a un rango de 150 a 300 W.

Introduciendo este flujo luminoso en nuestra ecuación para conocer cómo relajarnos o concentrarnos, diremos que para el primer caso estaría bien elegir bombillas en torno a los 2.700K de temperatura con unos 800 lúmenes de potencia. Sería lo ideal para dormitorios o una iluminación suave de salón.

Si vamos a necesitar activarnos, ya estamos hablando de luces que suben de los 4.000K de temperatura, pero no hay razón para pasar de los 800 lúmenes. Esta combinación es válida para una oficina o lugares donde necesitemos energía para trabajar.

Más allá de subir o bajar intensidad

Para tener esa capacidad de adaptar la iluminación a los requerimientos del momento, apostaremos por luces inteligentes que tengan la posibilidad de cambiar no solo su intensidad, sino la temperatura de color, como sucede con las Hue White ambiance de Philips, capaces de moverse entre los 2.200 y 6.500K.

Aunque todos los elementos se comercializan por separado, no es mala idea partir del kit de inicio, que reúne tres bombillas, un interruptor regulador y el puente Hue o Hue Bridge que hace de cerebro del sistema. Este componente controla hasta 50 luces y sensores en diferentes estancias y las vincula con nuestro teléfono móvil, que se convertirá en el controlador ideal de las operaciones. El Hue Bridge contempla además funciones de automatización del hogar inteligente, como temporizadores y rutinas de programación.

Si no queremos usar nuestro teléfono, un método alternativo de control es el interruptor inalámbrico de pared, que a su vez también funciona como mando a distancia, ya que se puede soltar de su anclaje magnético.

Como sucede con otras soluciones, quienes quieran algo fácil y rápido pueden echar mano de los cuatro modos de escenas de luz predefinidos: Energía, Concentración, Lectura o Relax. Están programados en el sistema, pero también pueden ser personalizados con la aplicación Hue.

¿Necesitas relajarte o concentrarte?

En el contexto de creación de ambientes que nos ocupa, es importante que haya diferentes puntos de luz para poder gestionar de forma separada la iluminación general de la de zonas más específicas. Unir luz natural con artificial debe llevarnos a la mejor iluminación posible. Por motivos horarios, no siempre es factible aprovechar la luz del sol, pero ten en cuenta que está ahí y puede entrar por tu ventana.

Lo ideal durante el día es tener una buena luz natural y que las fuentes artificiales sean las que rellenen lo poco que te falta para conseguir el efecto deseado sin perder de vista el equilibrio energético. Pero para alcanzar nuestro objetivo, no es suficiente con correr las cortinas o encender una luz por muy inteligente que sea.

Busco un ambiente de concentración

Si quieres llegar a concentrarte de verdad, no te queda otra que eliminar las distracciones más importantes, como pueden ser nuestro teléfono móvil, una consola de videojuegos, comida u otras personas. Hay que maximizar la atención en la tarea que tenemos entre manos.

Mantén limpio tu espacio de trabajo y toma descansos cada media hora

Organiza los elementos de la estancia de forma que estés cómodo, tengas todo a mano y no te encuentres agobiado. Lo más importante es una buena silla, ropa cómoda y una temperatura ideal. No descartes música de ambiente que nos ayude a restar ruido exterior, incluso podemos pensar en usar unos auriculares.

En cuanto a la iluminación, ya lo hemos comentado, luz natural mezclada con artificial. Conforme avance el día, necesitaremos una luz ambiente o general para poder ver con garantías cosas de la habitación, además de una lámpara que se encargue de centrar el haz de luz en nuestra tarea. Bombillas con un índice superior a los 5.000K nos mantendrán más activos; más cercanas a los 3.000K, nos ayudarán en procesos más creativos.

 

Es el momento de desconectar

Todo el mundo necesita un instante de reposo y relajación, y encontrarlo en tu hogar es lo ideal. Hay cosas básicas que hay que evitar, como el desorden, la suciedad o los olores. A la hora de construir tu santuario, necesitas medir el impacto del color de las paredes, muebles o accesorios como la típica mantita de sofá.

Aunque en próximos artículos nos detendremos en profundidad en el impacto del color en nuestro estado de ánimo y descubriremos las opciones de iluminación en este sentido, valga ahora decir que los tonos elegidos en cualquier formato, si son suaves y recrean coloraciones del mar o el bosque, tendrán un efecto casi balsámico.

Si te has propuesto relajarte, deja a un lado el equipo electrónico que te rodea

Un poco de luz natural te hará más feliz, así que acomódate cerca de la ventana, y haz lo posible por que haya mucha entrada de luz desde el exterior. En el caso de que necesites iluminación artificial, confía en sistemas que trabajen cercanos a los 3.000K, con temperaturas cálidas o neutras.

¿Música? Claro, una vez estimulada nuestra vista, tenemos que relajarnos a través del oído. El gusto de cada uno es diferente, pero la música clásica, el jazz o la electrónica suave tienen piezas que te pueden «desestresar» fácilmente.

Es muy complicado, pero crear espacios sin electrónica te puede venir bien. Cero notificaciones ni juegos ni ordenadores. Si de paso elegimos texturas suaves para los elementos que nos rodean, mejor que mejor.

Imágenes | Jens Kreuter | Timothy Buck | freestocks | Nathan Dumlao