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Trata de imaginar cómo vivían su infancia tus padres o tus abuelos. Ponte en su pellejo. Ahora mira a tu alrededor, a las opciones que nos brinda la tecnología. La vida en casa ha cambiado mucho en las últimas décadas, más aún desde que ha llegado el Internet de las Cosas (IoT, del inglés Internet of Things) del que tanto hablamos en los últimos años.

Nuestros antecesores se imaginaban la vida en el siglo XXI de una forma muy diferente a como realmente la estamos viviendo. Sin embargo, los avances son innegables.

Características:

Conoce las posibilidades de personalización y confort que ofrece la iluminación conectada e inteligente Philips Hue: luces de hasta 16 millones de colores, sensores, control por app móvil y asistentes de voz, compatibilidad Zigbee, recetas IFTTT...

¿Qué y cómo hemos cambiado? En muchas cosas, salta a la vista. En los siguientes vídeos, hemos querido recuperar un par de momentos que reflejan ese salto en la industria de la iluminación del hogar: la década de los sesenta y la última edición de IFA, la feria de tecnología de consumo más importante de Europa, celebrada el pasado año en Berlín.

En los años 60, los fluorescentes y bombillas incandescentes que veíamos en un creativo anuncio de los Estudios Moro era lo más avanzado. La animación es estupenda, pero las prestaciones de esos productos tan novedosos entonces nada tienen que ver con lo que tenemos hoy. Actualmente, la eficiencia de las bombillas LED domina el mercado y su integración en el IoT multiplica sus posibilidades, como mostraba el sistema de iluminación inteligente Philips Hue en la cita berlinesa.

Pero vayamos por partes. Al margen de la iluminación o conceptos que hoy son algo más cotidiano pero se habrían considerado casi ensoñaciones en el pasado, vamos a ver qué grado de acierto tiene el hombre en sus predicciones. Es decir, ¿qué avances de los que se predijeron entonces se han cumplido y cuáles han llegado para quedarse para siempre?

Cómo se entendía la casa conectada en el pasado

Si nos remontamos algo más de medio siglo atrás, muchos llegarán incluso a asustarse. Era 1957 cuando se presentaba la Casa del Futuro de Monsanto como una atracción del parque Disneyland en California.

Realizada en colaboración con entidades como el MIT y la sección Imagineering de Disney, la llamada Monsanto House of the Future fue una atracción a la que los asistentes acudían a presenciar con sus propios ojos algunas invenciones futuras. Luces que se encendían solas, lavavajillas por ultrasonidos o compartimentos secretos que aparecían cuando el usuario lo deseaba. Vetustos paneles de mandos que ahora abochornarían a cualquier diseñador servían para controlar de forma manual los sistemas de calefacción y ventilación.

La Casa del Futuro de Monsanto ponía a los asistentes de entre 1957 y 1967, periodo en el que estuvo operativa, en una vida veinticinco años después, como si estuvieran en 1986. Pero no fue la única. Algunos documentales adelantaban la existencia de Internet, las compras online, los ordenadores personales, los cursos a través del ordenador e incluso el pago de facturas sin moverse de casa. Era 1967 y nos ponían en la piel del por entonces futuro de 1999.

Son cientos de diferentes predicciones las que existen y muchas de ellas han terminado dando en el clavo. Concretamente, todas aquellas que adelantaban una sociedad hiperconectada y llena de tecnología, principalmente por la existencia de Internet como ‘red de redes’, han terminado cumpliéndose casi al pie de la letra. Un ejemplo de esto es la especificación Zigbee, soportada por toda la gama de productos Philips Hue y cuyo objetivo es lograr la máxima compatibilidad en la comunicación de los dispositivos del hogar.

¿Todas las predicciones han terminado cumpliéndose? Todas no, por supuesto. Más de una vez hemos visto cómo imaginaban hace cuarenta, cincuenta o sesenta años los vehículos del siglo XXI. Coches voladores, en ocasiones unipersonales y muy eficientes.

No lo hemos cumplido tal cual, pero la sociedad sí ha dado pasos de gigante para conseguir vehículos autónomos (la tecnología ya está preparada a la espera de la legislación de cada país) y con combustibles alternativos.

Y si en el pasado nos imaginábamos cómo serían las cosas en el futuro, ahora, en el presente, también seguimos jugando a tener la bola mágica y vislumbrar cómo viviremos en unas cuantas décadas.

Lo que era ciencia ficción ahora es realidad

Pongámonos en el papel de Marty McFly, el protagonista de ‘Regreso al Futuro’. En sus varios viajes, McFly descubre cómo la tecnología ha evolucionado respecto a lo que él conoce de su día a día, en el año 1985. Buena parte de las invenciones de esta película ahora son realidad.

Las videoconferencias, la ubicación de los televisores, la masificación de la tecnología en nuestras vidas, los videojuegos con nuestros gestos o los sistemas de pago a través de móvil, son solo algunos ejemplos. Incluso Nike llegó a crear y lanzar unas zapatillas que se atan solas en un genial movimiento de marketing de la compañía.

Las películas son entretenimiento, pero también objetos que influyen en las decisiones de la sociedad, en ocasiones, en lo relacionado al I+D de las empresas. Nunca sabremos qué parte de la realidad actual se la debemos a filmes como ‘Regreso al Futuro’ o si continuarían existiendo a pesar de la película.

Una de la razones por las que la innovación se mantiene generación tras generación es la eficiencia. Nuestras vidas tratan de ser cada vez más eficientes, de hacer más con menos. Hablamos de energía, por ejemplo, de tener bombillas que consuman cada vez menos, pero también de rapidez: hacer lo mismo, en menos tiempo.

Y junto con la previsible mejora en la economía también llega un mayor bienestar. En el pasado soñaron con hacer las cosas de formas más cómodas. En parte, lo estamos consiguiendo. Por ejemplo, ya podemos encender o apagar las luces de nuestra casa sin pulsar un interruptor, cambiar sus colores para adoptar un ambiente diferente o programar horarios según nuestras necesidades. Todo de la forma más sencilla posible, a través de nuestro smartphone y con un par de gestos.

La mansión de Bill Gates, Xanadu 2.0, es un ejemplo de casa conectada llevada al extremo

El futuro de la casa conectada es impredecible, aunque algunos se obcecan en buscar los patrones que terminarán marcando nuestros hogares en el porvenir. Veamos, por ejemplo, la mansión que Bill Gates se construyó en Seattle, llamada Xanadu 2.0127 millones de dólares para tener la que es considerada una de las casas más conectadas del mundo y que bien puede sentar cátedra de lo que está por ver.

La tecnología tiene un alto protagonismo. No hay cuadros ni paredes, sino pantallas con las que el huésped puede personalizar la estancia. La casa es capaz de conocer tu ubicación, de forma que decenas de altavoces escondidos tras las paredes reproducen música sólo donde te encuentras, e iluminan las estancias imprescindibles. Los jardines están llenos de sensores con los que se monitoriza el estado de las plantas, y las zonas de exterior se personalizan y se hacen especialmente eficientes en términos energéticos. No nos centraremos en los mecanismos más mundanos, tales como sistemas de calor y refrigeración, audio, seguridad y demás que, por supuesto, están a la vanguardia.

Si bien el caso de Xanadu 2.0 es extremo, nos permite hacernos a la idea de cómo avanza la tecnología y qué podemos esperar. No es habitual que nuestras paredes cambien a nuestro antojo, pero ¿lo será dentro de algunas décadas?

El futuro de la casa conectada y el IoT pasa por la Inteligencia Artificial

Tener una casa eficiente y cómoda pasa por que esté conectada y ‘nos comprenda’ gracias a la inteligencia artificial

Hay una tendencia muy clara en la última oleada tecnológica: los datos. A su lado, los sensores de los cuales se extraen aquellos. Es común que estemos rodeados de cada vez más y más sensores.

La inteligencia artificial existe, en parte, porque se tienen todos estos datos. Pensamos en que la IA es un robot con el que podemos conversar, pero va mucho más allá. Parte de la eficiencia y de la comodidad de la que hablábamos anteriormente pasa por que las máquinas nos conozcan, y que conozcan nuestras costumbres y nuestros hábitos. De esta manera, podremos optimizar la tecnología según nuestras necesidades en cada momento y también facilitarnos la vida a través de soluciones como la automatización de tareas y creación de rutinas.

Además de los datos, la intercomunicación entre dispositivos apunta a ser absolutamente esencial. Tu casa se comunicará con tu vehículo o teléfono para saber cuándo llegas sin que tú tengas que mover un solo dedo. Comprobará qué hay en el frigorífico y revisará tus recetas favoritas para que tengas una cena agradable. Si estás muy cansado, en cuanto te sientes en el sofá reproducirá música tranquila de fondo, a la que acompañará una luz tenue que te adelante el sueño nocturno.

La tecnología avanza gracias a consorcios y grupos de trabajo con objetivos similares, que innovan hacia los mismos objetivos. En el caso de Philips Hue, entre los llamados ‘Friends of Hue’ se encuentran empresas tecnológicas punteras como Google, Apple o Amazon y sus asistentes de voz, servicios como IFTTT o fabricantes de dispositivos como Logitech, Nest o Razer, entre otros muchos más. Todos ellos abordan el IoT y el uso de los productos Hue como aporte a la mejora de la sociedad.

Podemos imaginar lo que queramos, que seguramente nunca llegaremos a ser certeros. Sin embargo, la realidad es que estamos abocados a tener casas cada vez más conectadas, y cada vez más ‘inteligentes’. Y en ellas, los datos y los diferentes algoritmos de inteligencia artificial tendrán un papel de absoluto protagonismo. ¿Será en diez años? ¿O quizá en cien? Eso ya lo veremos.